Aprende a hacer limonada

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Este lunes no hubo clases. Así que Manuel, Yolanda y Jorge tuvieron su primera experiencia como empresarios de la alimentación.

Todo empezó el domingo cuando una vecina de unos 10 años tocó el timbre de nuestra casa para preguntar por la venta de limonada. Por ella nos enteramos de que Yolanda había visitado varias casas para anunciar que tendríamos un “lemonade stand”, es decir, un quiosco, un chiringuito, un changarro de venta de limonada.

Pero el domingo ya teníamos otros planes, así que decidimos dejarlo para el lunes. Después de desayunar, Papá y Yolanda se fueron al supermercado a comprar los ingredientes de la limonada y Manuel y Jorge se quedaron en casa preparando unas galletas de chocolate (para ofrecer más de un producto y maximizar ganancias).

Mamá apoyó con el mercadeo (mandando un correo a todos los vecinos), de modo que a las 11 de la mañana ya teníamos 10 litros de limonada casera (con un toque de fresa) y 30 galletas de chocolate exhibidas frente a nuestra casa. Para animar la cosa, un playlist de Beyoncé seguido por otro de Shakira a todo volumen.

El calor del mediodía (y el trabajo de mercadeo) ayudaron a que pronto aparecieran los primeros clientes. En las primeras horas de la tarde decayó la venta, pero hacia las 6 se animó nuevamente (gracias a un nuevo e-mail de Mamá y a que Manuel se inventó un servicio de entrega a domicilio).

En total, las ventas apenas alcanzaron a cubrir la inversión en ingredientes (vasos, servilletas, electricidad, gas, gasolina, etc. no entraron en la cuenta), pero los niños aprendieron varias cosas:

  • Los ingredientes tienen un costo y la mejor manera de justificar ese gasto es aprovecharlos al máximo.
  • Se pueden hacer cosas ricas con ingredientes naturales y saludables.
  • El mercadeo y la buena atención al cliente son tan importantes como la calidad del producto que estás vendiendo.
  • Ganar dinero exige planificación, voluntad y trabajo.
  • La mejor manera de utilizar el dinero ganado es tener de antemano un plan. Por ahora, parece que lo quieren reinvertir en otra aventura gastronómica (¿brownies, tal vez?).

Pero lo más importante y quizá la lección más valiosa de todas es que aprendieron a hacer algo útil y rentable mientras compartíamos en familia y nos la pasábamos bien. ¡Y sin aparatos electrónicos!

 

 

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